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Terra
La Coctelera

DIARIOS DE TAIPEI

[La noche cayó sobre Taipei,

[Y Laura, que viene
de un pueblecillo de Ontario,

¿Qué hay de [Green Island]?

-¿Es agradable?

¿Recuerdas que dije que pensaba

-Sí.

Es bastante lejos.

Mejor, sí.

¿Me llevas?

De todos modos,

Estoy arriba, ¿y tú?

[y esta noche tiene

No sabes qué papel es,
no sabes que ocurrirá,

tu tipo de sangre.

Nada de tu experiencia.

Tengo una habitación sola,

pequeña pero está bien.

[buscando ayuda.

Está bien.

¿Qué pueden darme?

Está bien, los quiero.
Adiós.

Mi mamá me odia.

Hola, ¿puedo hablar

Hola, me llamo Julie
y estoy en el Hostel Taipei.

Sí, definitivamente.

DECALOGO DEL PEFECTO CUENTISTA

I) Cree en el maestro Poe, Maupassant, Kipling, Chejov como en Dios mismo.

II) Cree que tu arte es una cima inaccesible. No sueñes en dominarla. Cuando puedas hacerlo lo conseguirás, sin saberlo tú mismo.

III) Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que cualquier otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.

IV) Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.

V) No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adonde vas. En un cuento bien logrado las tres primeras líneas tienen casi la misma importancia que las tres últimas.

VI) Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: "Desde el río soplaba un viento frío", no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla.

VII) No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.

VIII) Toma los personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta aunque no lo sea.

IX) No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirlo tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.

X) No pienses en los amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si el relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en el cuento.

Horacio Quiroga (1927), escritor uruguayo.

EL PASAJERO

Si hay amor, que sea.

No buscaré la meta ni el ombligo,

ni me hincaré frente a ninguna panacea.

Si hay amor, que sea.

No cerraré la puerta al repentino,

ni diré que no lo he visto aunque lo vea.

Pero que conste, amiga mía;

que conste que ya he sido

y no quiero dar pelea.

Se sepa que ante el agua de la fuente

junté las manos y bebí a boca llena.

Que tuve hacedora, mentor y compañera.

Ahora, ¿qué dices?

¿que es tiempo de esperar

por primavera?

Ya no conjugo futuros imperfectos

ni verbos potenciales

ni acuño ningún sueño.

No estoy muerto: respiro

cambio la piel, transpiro.

Pero no me pidas que vuelva a ser de nuevo.

Estoy donde estoy y no me quejo

acaso supe siempre mi destino:

acaso siempre fui un pasajero.

Es rara esta parte del camino:

siento, presiento, que aunque ande

no llegaré temprano ni más tarde.